monólogo : Guillermo Charún: el retorno del fundador- CHAVEZ YALLE CHARLES 5TO D
Guillermo Charún: el retorno del
fundador
Todo comenzó cuando en este bendito rincón del
norte peruano, en mi hermosa y noble ciudad de Trujillo, decidí levantar los
cimientos de este glorioso templo del saber. Corría el año de 1854, y bajo el
decreto de nuestro presidente José Rufino Echenique y mi propia visión como
obispo, vi nacer esta gran institución. Me presento ante ustedes no solo como
el fundador de sus aulas, sino como el guardián de su espíritu. Os hablo hoy
porque veo en sus ojos el mañana, y es mi deber recordaros de dónde venimos para
que jamás olviden hacia dónde van. Yo no busqué meramente instruir sus mentes,
sino encender en sus almas el fuego sagrado del patriotismo, bajo el amparo de
la gloriosa banda del Perú que juramos defender.
Asimismo, al fundar este colegio
en pleno siglo XIX, sabía que nos enfrentábamos a un gran desafío: ¿cómo
construir una identidad inquebrantable en una juventud que despierta? Miré
nuestras raíces. Contemplé la majestuosidad de adobe de la ciudadela de Chan
Chan, que resiste al tiempo; escuché la elegancia y la fortaleza con la que
resuena una marinera trujillana en cada rincón de nuestra costa. Entendí
entonces que el verdadero conflicto no es el paso de los años, sino el peligro
del olvido.
Por eso, me propuse esculpir en
cada estudiante un carácter indomable de perseverancia ante las tempestades.
Sabía que de mis aulas saldrían las mentes más brillantes de La Libertad.
¡Sanjuanistas! ustedes no son simples alumnos; son los pilares de bronce sobre
los cuales se erige el mañana de nuestra nación. ¡Por mis aulas pasó la pluma
de mi eterno César Vallejo! ¡Por mis aulas se esculpió el valor de nuestros
héroes! ¡Por mis aulas late, indomable, el corazón del norte! .
Esto significa que llevar esta
franja en el pecho no es un simple accesorio; es portar el peso de la historia
y el legado de nuestra cultura. Sin embargo... sé perfectamente que no todo en
mi colegio es marchar con solemnidad militar o repasar poemas antiguos. ¡Ah,
jovencitos! También conozco sus travesuras . Sé muy bien que más de uno se
escapa corriendo al quiosco apenas suena el bendito timbre del recreo, o que se
acomoda la insignia a última hora antes de que el auxiliar lo descubra en la
formación. ¡Oh, juventud impetuosa!
He aprendido a través de los
siglos que la disciplina no debe ahogar la alegría, sino guiarla. Para acabar
con el problema de la indiferencia y mantener viva nuestra identidad, sugiero
que abracen sus costumbres, que valoren su patrimonio y que lleven los valores
de integridad y respeto en cada acto de vuestra vida diaria.
Es precisamente esa energía la
que mantiene viva mi obra. Por todo esto, con orgullo afirmo que el espíritu
sanjuanista es una llama eterna. Es una vibración que sentimos en la piel cada
vez que retumba la banda de guerra y entonamos nuestro glorioso himno. Hoy
puedo decir que ser sanjuanista no es solo un paso temporal por las aulas
escolares.
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