MONÓLOGO: El patrimonio olvidado . GALARRETA CHANDUVI GABRIEL -5TO D
Personaje: Un(a) joven trujillano(a) que confronta sus recuerdos del
pasado con su presente familiar. (Representa la nostalgia y la voz de la
juventud trujillana).
[INICIO]. El personaje camina lentamente hacia el centro sosteniendo
un viejo pañuelo blanco arrugado en las manos. De fondo, muy bajito, se escucha
el inicio instrumental de una marinera norteña). Personaje: (Mirando el
pañuelo con una sonrisa triste) ¿Lo huelen? No, claro que no... pero yo sí.
Si cierro los ojos e inspiro con fuerza, todavía puedo oler el aroma del
culantro fresco, la chicha de jora y ese ají mochero que mi abuela picaba
mientras reía en la cocina. Soy solo un joven trujillano que hoy se dio cuenta
de que está creciendo en una casa demasiado silenciosa. Les hablo hoy porque
tengo miedo de que mis recuerdos se vuelvan de humo.
[DESARROLLO] (La música de fondo se apaga). Personaje: (Con
tono nostálgico) Cuando era pequeño, los domingos no eran un día
cualquiera. Mi casa parecía un festival. Toda la familia se reunía alrededor de
una mesa gigante. Nos peleábamos por el último pedazo de yuca del cabrito
norteño, devorábamos el ceviche fresco sintiendo el picante en el alma, y los
lunes... ¡ah, los lunes de Shámbar! Eran sagrados. Y en medio de todo ese
alboroto, sonaba la radio vieja. Sonaba una marinera. Yo miraba a mis tíos
zapatear en la sala descalzos, con una elegancia que parecía heredada de las
nubes. Éramos felices y no lo sabíamos. Pero el tiempo pasó. Crecimos. Nos
mudamos, nos llenamos de "pendientes" y las pantallas del celular
reemplazaron las miradas. Poco a poco dejamos de llamarnos, la mesa se achicó,
y las ollas grandes se guardaron en el fondo del repostero. La marinera dejó de
sonar en la radio.
[REFLEXIÓN] Personaje: (Camina hacia el público,
confrontándolo) Me dolió entender que la distancia más larga no se mide en
kilómetros, sino en la indiferencia de vivir bajo el mismo techo y no
compartir. Aprendí que nuestra identidad trujillana y familiar no se mantiene
viva por inercia; si no compramos el Shámbar, si no bailamos, si no nos
sentamos a mirarnos a los ojos, la tradición simplemente muere. Sugiero que
apaguemos un momento el ruido digital. Que volvamos a provocar el encuentro, a
cocinar esa receta de la abuela, a encender la radio y levantar un pañuelo,
aunque sea en la sala de nuestra casa.
[CIERRE] Personaje: (Extiende el pañuelo blanco hacia el público con
determinación) Al final, la cultura no está en los museos de Chan Chan,
está en nuestros corazones y en nuestras manos. No permitamos que el silencio
gane. Volvamos a reunirnos, volvamos a saborear lo nuestro, porque la marinera
de nuestra vida aún tiene una última estrofa por bailar. (Da un paso atrás,
hace una elegante reverencia con el pañuelo).
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